No se puede caminar en silencio por el bosque

Volar bajo o morir
Un cuento de Szilvia Molnar
Szilvia Molnar

La escritora húngara Szilvia Molnar

***

Otra vez despierto helada y con escalofríos, toda mi espalda está mojada de sudor. Soñé que estaba acostada en el bosque golpeando el suelo con mis manos. Tenía dos manos y ahora estoy despierta en mi cama con una sola mano y me siento tan abandonada. Por un segundo caí en la trampa, luego me di cuenta de que puedo llamar a Papá para que me ayude.

Viene tan rápido que parece como si hubiera estado despierto toda la noche. No dice mucho, solo se asegura de que no tenga fiebre y de que todo esté en su lugar. Chequeado, chequeado, chequeado, bien. Todavía está viva. Después intenta recostarse sobre la cama junto a mi lado. Escucho a Coal subir las escaleras de pura curiosidad. Me muevo un poco para darle espacio a Papá, pero se queda todavía con medio cuerpo sobre la cama. La otra mitad está colgando fuera, con una pierna apoyada en el suelo. Me trepo a su brazo y pongo mi cabeza sobre su pecho. Huele a hogar o a pasto recién cortado. Escucho su corazón tratando de disminuir la velocidad. Como cualquier niña todavía estoy convencida de que nunca se detendrá.

Papá toma entre sus manos el muñón que tengo como brazo. No me gusta que lo toque pero dejo que lo haga. Creo que podríamos imaginar que es otra cosa, como un pedazo de madera, un leño al que podemos devolver a la vida. Así que él lo acaricia con la punta de sus dedos como si la pesadilla se hubiera originado en él y desapareciera al tocarla. Finjo que vuelvo a dormirme para no tener que resistirme a sus masajes en mi brazo.

Afuera el bosque está animado, se escuchan sonidos confusos. Debe estar amaneciendo.

Papá sabe que no me he vuelto a dormir y se queda un rato más. Coal está sobre la alfombra en medio del cuarto con los ojos cerrados.

Me siento agotada. Estoy en la carpa donde los soldados limpian sus heridas y descansan para la batalla del día siguiente, pero yo ya estoy harta de luchar.

*

No puedo creer que haya venido solo por esto. No la había visto en semanas y fue raro tenerla ahora aquí. Tiene que haber sido idea de Papá. Nos movimos ceremoniosamente por el jardín y pensamos cómo despedirnos de algo que ya estaba muerto incluso antes de que cayera al suelo. El que cavó fue Papá. Coal se quedó cerca, celosa y llena de ganas por saber qué estaba pasando. ¿Huesos? ¿Estamos buscando huesos, señor? No, Coal, cálmate, solo estamos enterrando mi mano.

Papá no tuvo que cavar demasiado. Yo estaba parada detrás de él, vestida de negro para efectos dramáticos. Ella estaba de pie a un paso detrás de mí con flores del jardín en la mano. Era claro que quería complacernos. Tenía conmigo una caja de zapatos que decía “Ida” en la tapa. Adentro había cartas que sabía que desaparecerían con el tiempo.

Fue un lindo gesto de la gente del hospital permitir que nos quedemos con la mano. Papá la pidió y, aunque nunca la vi sin el envoltorio, confié en que el recipiente irregular que trajo a casa era mío. Pudo haber sido la pata de un gato o la lengua de una vaca. No importaba, solo necesitábamos enterrar lo que extrañábamos y nos causaba pena.

Solo Papá habló cuando acabamos. Bien, ahí está, dijo, y apretó mi hombro. Yo sostenía mi muñón como si meciera un bebé. Mi madre echó las flores del jardín en el suelo; no tocó ninguna parte de mi cuerpo.

Enterramos la mano juntos como una familia. Fue la última vez que los cuatro haríamos algo juntos. Pensaba en eso antes cuando ella solía venir una vez a la semana a llevarse otra maleta con sus cosas, que esas eran ocasiones raras, pero después del funeral solo me llegaron cartas y siempre a destiempo. Subí de vuelta a mi cuarto una vez que terminamos, Coal me acompañó todo el camino. Escuché a los dos hablando en el pasillo. No era claro si Papá estaba intentando convencerla de que se quede, pero sí era obvio que ella ya había decidido que se iría.

 

bosque iluminado

*

Hoy desperté enojada con ella. También estaba enojada conmigo misma por estarlo con ella y solo aumentó mi furia. Esto me llevó a ir al bosque.

Salí de la casa sin preocuparme de que Papá se despierte por el ruido de la puerta al cerrarse detrás de mí. Le dije a Coal que se quede.

El aire afuera estaba fresco. Iba descalza y en camisón. Todas las ramitas y piedras con puntas hacia arriba me lastimaban los pies pero no hice caso al dolor.

Avancé en línea recta hacia el bosque. Serían los árboles los que tendrían que moverse si se cruzaban en mi camino. Yo no me iba a mover.

Con esos pasos tercos debo haber parecido bastante tonta porque me tropezaba a cada rato.

Pero no quería dejarme caer de rodillas. Estaba cubierta de tierra. El rocío hizo que el borde de mi camisón se mojara y mis tobillos temblaban. Mis mejillas estaban mojadas y saladas.

Cuando estás enojada realmente significa que estás loca. Hay un animal suelto.

Caminaba muy rápido pero ya no recordaba dónde quería ir. Las ramas me rasguñaban los brazos como si quisieran detenerme antes de que empiece a pelear con alguien. El bosque siempre parece saber más que uno.

Mi boca despedía odio, mis pies daban fuertes pisotones de odio, mi muñón me seguía a regañadientes con preocupación y odio. Entonces caí de bruces.

Comencé a golpear el suelo, izquierda-derecha, con mi muñón. Mis rodillas se hundían en la tierra cubierta de musgo.

¿Qué sabía yo del odio? Tenía solo quince años.

Ida, ¿qué diablos estás haciendo? Papá se acerca corriendo en pijama y botas de goma. Se arrodilla y al instante se llena de tierra. Estoy golpeando el suelo, pero estoy demasiado cansada para dar explicaciones.

Hojas mugrientas me cubrían los brazos y las piernas. Mi muñón estaba todo sucio y manchado por la tierra húmeda. Algunas ramas se habían quedado enredadas en mi cabello. Ya podía imaginarme los moretones del día siguiente en mis rodillas.

No hagas esto, Ida. Aquí no. Vamos, volvamos a la casa.

Empiezo a soltar hipos de lo furiosa que estoy.

Él peina mi cabello hacia un costado y me toma del brazo para que pueda levantarme.

No nos dijimos mucho una vez que entramos a la casa. Llenó la bañera con agua caliente y me preparó un tazón de avena. Comí en el agua y casi me quedo dormida. Cuando ésta se puso lodosa y tibia salté fuera como una araña arrojada al lavabo.

Papá vino a acomodarme en la cama. Sacó una o dos ramitas que todavía seguían aferradas a mi cabello. Aun cuando estábamos sentados tan cerca no nos hablamos. Y luego dejó que volviera a dormirme.

 

forest

*

Cuando pasó pasó de tal manera que sabías que no podría volver a estar como antes.

No era una mancha que podrías restregar o un agujero que podrías coser.

No se trataba de qué tan profundo era el corte, sino de qué tan claramente me había separado de una parte de mí.

Coal estaba lamiendo mi cara cuando me desperté. Se oía una máquina encendida al fondo. El cielo se sentía inmenso. Un avión volaba justo debajo de las nubes. Yo estaba aquí en el suelo. Primero pensé que no me podía mover pero mientras volvía en mí noté que era el dolor lo que me mantenía ahí.

La segunda vez que desperté estaba en el hospital con Papá a mi lado. Tan pronto como abrí los ojos llamó a las enfermeras y a mi madre. De pronto, las personas me miraban como esperando que hiciera un milagro, no sabía por qué se veían tan preocupadas.

Papá estaba a mi izquierda, sosteniendo mi mano. Mi madre estaba a la derecha, pero ella no estaba sosteniendo mi mano. Solo estaba sentada y observándome. Sus manos estaban escondidas entre sus muslos. Me estiré para tocarla pero no llegué demasiado lejos. Un atado de vendas fue todo lo que vi pero imaginé que mis dedos cubrían su mano y mi brazo descansaba sobre su rodilla.

Grité como un animal y todos se acercaron. Mi madre se retrajo hacia el fondo como algo que asomara desde las sombras. Ese fue el día en que abandonó su título, madre. En alguna parte del cielo un avión trataba de no volar demasiado bajo.

*

El bosque no es como ninguna otra cosa. No necesita un nombre como una persona ni necesita saber dónde comienza ni dónde termina. Sabe lo que es el sacrificio debido a todas las cosas que caen y continúan cayendo porque no tienen otra opción. El único consuelo es que algún día se fundirá con la tierra.

A veces el bosque vibra como niños susurrando detrás de ti. Tienes que acercarte a uno para distinguir el elemento individual. Y para ver que un árbol se ve como el de al lado. Es gracioso que separados no son nada pero juntos son tan fuertes, como hermanas.

No se puede caminar en silencio por el bosque y aun así no hay nada más tranquilo que estar justo en medio de uno. Los troncos de los árboles te cuidan como un hermano mayor. Nunca te hacen preguntas. Pierden partes del cuerpo todo el tiempo.

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Szilvia Molnar , nacida en Hungría pero criada en Suecia, es una escritora y artista que vive en Nueva York. Textos suyos han sido publicados en Little Brother, Two Serious Ladies, Electric Cereal, Imperial Matters y Butterfly Knives and Sea Salt. Sus obras y proyectos artísticos han aparecido en Girls Get Busy, Flavorwire, Jezebel y Icon. También están reunidos aquí: szilmolnar.tumblr.com

Traducido del inglés por Miguel Muñoz.