El tablero es el mundo

Sudoka
Un cuento de Javier A. Moreno

1

Dos sudokas conversan en un café mientras practican. El dojo del sudoka, les recuerda su sensei, es el mundo. La práctica y el diario vivir deben ser indistinguibles.

Uno de los dos compró boletas para un concierto hace poco. Tuvo que hacer una cola de cuatro horas. No la sentí, comenta, me mentalicé en la práctica. Asimilé veinte de nueve por nueve de dificultad alta.

Los sudokas no someten, asimilan.

Los sudokas usan tinta, nunca lápiz.

La práctica del sudoku implica hacerse uno con la cuadrícula, resolver el acertijo sin imposición, haciendo primar el instinto sobre la razón, liberando la bestia interior.

El sensei pregunta al sudoka: Si una nevada arrasa la mitad de tu cosecha, ¿qué haces?

El mal sudoka vuelve a sembrar.

El buen sudoka se pregunta si aún es posible remover más plantas sin que el problema se torne irresoluble. Concluye que sí y luego procede.

El buen sudoka muere de hambre.

2

El primer sudoka trabaja en una oficina de propiedad raíz. Como tantos sudokas de su generación, este sudoka lleva una doble vida: de día acompaña parejas de recién casados a visitar casas que él jamás podría comprar y por las noches se rinde a la práctica.

El sudoka está cansado pero sabe que no puede dormir. Por eso se levanta de la mesa del comedor, sale del apartamento, baja las escaleras del edificio, despierta a Lincon, el portero, y le pide que abra la puerta. Lincon presiona el botón bajo el escritorio que le sirve de almohada y dice buenas noches, doctor. Una vez en la calle el sudoka camina hasta el supermercado 24/7 de la esquina. La dependienta, es nueva, ve televisión: una película de terror sangriento. El sudoka camina hasta los aparadores y saca un galón de Coca-Cola Perfect y una bolsa extragrande de papas fritas. Diez cincuenta, dice la dependienta. El sudoka paga. La dependienta le permite salir. Hace frío afuera.

3

Los sudokas no intercambian nombres durante la confrontación porque todos los sudokas son sólo uno: El Sudoka.

El sudoka regresa al edificio y timbra el citófono. Lincon está dormido y no responde. El sudoka está en camiseta, tiene una bolsa de papas fritas en una mano y el galón de Coca-Cola Perfect en la otra. El galón pesa. Y hace frío. El sudoka timbra el citófono una vez más y aunque el berrido parece contundente no es suficientemente potente para despertar a Lincon, que apenas salta en su cabina y se acomoda.

El sudoka saca una moneda del bolsillo y golpea el vidrio de la puerta.

El sudoka grita: ¡Lincon! No hay respuesta.

El sudoka piensa que Lincon podría estar muerto.

Pero se mueve.

4

Alguna vez el sudoka practicó en un páramo. Quería comprobar que podía aislar la práctica del mundo. Luego de instalar su carpa prendió una vela y asimiló doce de nueve por nueve del librito que le trajo su prima de Nueva York: Sudoku Master Vol. 37. Luego se quedó dormido.

Por mucho tiempo el sudoka pensó que el viejo japonés que salía en las portadas de la serie Sudoku Master era el creador del sudoku. Años más tarde se enteró de que el creador del sudoku se llamaba Howard Garns y había nacido en Connersville, Indiana, en 1905. Era arquitecto.

Cuando el sudoka despertó estaba en el hospital. Habían pasado tres días. Tuvo suerte: casi se muere. Por fortuna dos excursionistas suecos pasaron junto a su carpa y se acercaron a pedirle indicaciones. Cuando no respondió le preguntaron si estaba bien. Cuando no respondió lo arroparon y lo online casino nbso llevaron a toda carrera hasta la estación, a tres kilómetros de distancia.

Precisamente fue en ese hospital, recuperándose del incidente, donde el sudoka conoció a Laura.

5

El libro favorito del sudoka es, por razones obvias, La vida instrucciones de uso de Georges Perec. Por eso cada 23 de junio, justo antes de las ocho de la noche, el online casinos sudoka detiene lo que quiera que esté haciendo e imagina que el mundo se congelara en ese preciso instante. Por lo general ese pensamiento lo llena de tristeza.

6

Laura está en la sala de televisión y tiene el control. El sudoka le pregunta si puede ver las noticias de las nueve. Laura le dice que está esperando un especial sobre pingüinos suicidas en Discovery Channel. El sudoka no insiste, se deja caer en la silla e imagina la cuadrícula. Ya empezó, dice la mujer. Lo interrumpe. ¿Qué empezó?, responde el sudoka. El especial, dice la mujer. La cámara sigue a un pingüino pequeño perdido de su bandada. El pingüino caminará hasta morir de inanición. El pingüino camina y cruza una estación de investigación sismológica francesa donde unos hombres barbudos de overol naranja le abren camino con grandes palas. Luego sube una colina. Arriba de la colina mira hacia todos lados, decide una dirección y continúa. El pingüino suicida casi nunca duda. El sudoka admira la determinación del pingüino suicida. Se presenta. Dice su nombre. Laura, responde bonus-ruby ella. Así se inicia.

7

El sudoka practica en un café en el centro porque después de las peleas con los ajedrecistas al mobile casino club Haskell no los dejan entrar.

8

El sudoka abre el online casino's galón de Coca-Cola Perfect y toma un sorbo largo.

Está sentado junto a la puerta del online casino edificio con As Seen in High Times - Pass Any Urine, Hair, Saliva pass hair drug test with Clear Choice Detox . la bolsa de papas fritas en las piernas y migajas a su alrededor. Con las manos se restriega los brazos. El sudoka piensa que cada minuto fuera de la práctica es un minuto perdido de honor. Intenta dibujar cuadrículas en el vidrio empañado de la puerta. Intenta imaginar cómo la Online Gambling cuadrícula se va llenando de números casino online y luego esos mismos números desaparecen lentamente, con método, dejándose borrar por el instinto cultivado tras tantos años de práctica rigurosa. El sudoka casino online recuerda la historia del sensei que preguntó si la cuadrícula vacía tenía solución. El sudoka respondió sí y fue golpeado. El sudoka respondió no y fue igualmente golpeado. El sudoka entonces cerró los ojos, imaginó el tablero, entendió lo que quería decir el sensei y musitó la respuesta correcta: Yo soy la cuadrícula vacía.

9

El mayor enemigo del sudoka es el sudoka mismo. No es la cuadrícula, no es el oponente, no son los números. Los números podrían ser cualquier cosa. Nada de eso importa. El enemigo es él y se odia: nadie más tiene la culpa de su infelicidad, su frustración, su constante arrepentimiento por todo lo que no hizo y su lamentable aspecto ante el espejo. El sudoka está terriblemente solo y sabe bien que fue su decisión. Fue él quien la dejó ir. Sólo él. Nadie más. Era su turno.

10

El sudoka y Laura toman café con empanadas por las tardes. Conversan. Se conocen. Se quieren tímidamente. El sudoka sacrifica horas de práctica en Laura. Laura le importa. Laura lo absorbe. Laura lo hace hablar. El sudoka habla de lo único que realmente sabe. Le cuenta que existen hombres sabios que nunca descansan y otros, necios, que duermen la vida. También le dice que existen 6 670 903 752 021 072 936 960 sudokus posibles (Es un cálculo sencillo) y él espera algún día resolverlos todos. Laura le dice que entonces jamás tendrá tiempo para ella. El sudoka responde que el sensei dice que la práctica no debe ser jamás un impedimento para vivir.

11

El sudoka todavía vive en el apartamento que compartía con Laura. Cuando ella se fue dejó todas sus cosas. Hay un armario repleto de bolsas con su ropa. A veces, tras llegar del trabajo, el sudoka abre las bolsas y plancha las camisas, pantalones y faldas, los dobla y los vuelve a guardar.

El sudoka cuenta los días sin Laura en un calendario que tiene pegado a la nevera con cinta. Junto al calendario hay una foto de los dos en Santa Marta y una lista de compras con su letra titulada SÁBADO: leche, tomate, huevos, limón, carne, espárragos, brócoli, pollo, cereal, pasta, jabón de ducha, arroz, pan de molde, papel higiénico, jamón, desinfectante, [ilegible], suavizante, café, helado y galletas.

El sudoka dejó de llamarla cada noche cuando una voz pregrabada le explicó que ese número de teléfono estaba fuera de servicio o no existía.

El sudoka quisiera pedirle perdón.

12

Antes de conocer a Laura el sudoka fumaba. Era una de sus grandes vergüenzas. Cuando decidieron vivir juntos Laura le dijo que tendría que dejar de fumar. El sudoka compró parches de nicotina. Los parches le aliviaban la ansiedad pero le producían un salpullido molesto en el brazo. Por las noches, dormido, se rascaba hasta que el parche se caía. Debido a esto, el tratamiento resultó ser bastante costoso y cuando cumplió un mes y medio lo abandonó. Dijo que la rasquiña no lo dejaba pensar. La ansiedad, sin embargo, pronto regresó. Sólo la contenía la práctica.

13

Siempre es el turno del sudoka.

3 Respuestas a “Sudoka”

  1. Mapicava dice:

    Me gustó mucho, me hizo sonreir.

  2. Ulises Sauri dice:

    Me encanto.
    Muy bueno.

  3. Beto dice:

    Buenísimo!

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Javier A. Moreno nació en Bogotá en 1977. Es coeditor de Hermano Cerdo y ha escrito dos colecciones de relatos. Vive en Canadá. Su blog es Rango Finito.